Sabed que ésto lo escribo unicamente por mí, y para mí.
El primer recuerdo que tengo en el que mentí fue a los 7 años. Un 15 de mayo. Yo lo sabía. Nunca nadie me habló de ello, pero yo lo sabía. Mi madre quería venir a vivir a España. Quería llevarme con ella. Mi padre jamás me dijo algo acerca de ello, pero yo lo sabía. En el aeropuerto ella me lo dijo: no nos vamos a ver a la abuela, no volamos a Chiclayo. Me voy a España, y me gustaría que vinieras conmigo. Vamos a tener una vida mejor, los dos lo merecemos. Tu padre no me ha dado permiso, pero la decisión es tuya.
Yo sabía que iba a pasar, mi abuelo Pedro, padre de mi madre, meses antes me había hablado: Nunca abandones a tu madre. Sólo me dijo eso, muy serio.
Yo contesté: Siempre estaré contigo.
Desde entonces, siempre la he odiado en secreto. Por la vida que me quitó, por la vida que no fué. Por los hermanos que no tuve y por la familia que no conocí. Por mi papá. Por mi país. Desde entonces siempre me odié, por cobarde. Porque lo sabía, y porque mentí.
La verdad no es buena ni mala, es la verdad. Y yo la utilizo a mi conveniencia. La transgiverso, la arreglo, la amoldo a mi voluntad y la suelto. He hecho mucho daño. Cada vez que he hecho sentir mal, he disfrutado y me he arrepentido por igual. Cada vez que he hecho daño me he hecho mucho daño. Y solo me permito hacerle daño a quien quiero para hacerme más daño.
A veces no sé qué he contado y me alegro porque me supone un reto argumentar una nueva verdad sin saber si antes expliqué lo contrario. Miento, esa es la verdad.
Desde hace mucho tiempo me he prohibido amar a alguien, y lo he conseguido. Me he obligado a ser feliz, y hasta hoy lo he hecho muy bien. Hasta hoy, porque hoy me he dado cuenta de lo fácil que sería amar y sin embargo he renunciado. Y no pienso mirar atrás, me niego a amar, porque cuándo amo, no amo, poseo y me hago daño. Ésto es la Verdad, y lo será.
Y el Adiós también es verdad. Porque cada persona que ha leído una sola de mis líneas ha sido engañada. Las calles de Madrid han sido engañadas, yo nunca las pisé, nunca viajé. Me quedé en Lima y hoy por fin lo sé. Y cada gracia que he contado no ha sido más que para mí, nada ha sido para vosotros, y me he cansado.
Muchas gracias a todos, y hasta pronto, cuando el que escriba sea yo.
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