viernes, 5 de diciembre de 2008

Ahora por fin, hay algo diferente.


Casi que empiezo por lo primero, ¿no?: ¡Schuster dimisión!



Realmente es curioso lo que te depara la vida.
Y... ¿por qué? Pues os voy a contar un par de cosas extremadamente sencillas pero incomprensibles, salvo para quien lo quiera entender:

Empecemos...
Resulta que el otro día, me volvió a ocurrir.
Es la tercera vez que me pasa, y esta vez lo recuerdo.
Simplemente lo comprendí todo. Hay alguna persona que cree que soy un genio por estas cosas. Hay quien, como yo, cree que soy un iluminado.
Está también quien cree con firmeza que estoy loco y desea mi muerte natural. Hay incluso quien, simplemente, no me cree.
Y a saber qué más cosas piensa la gente de mí.
Aún así lo voy a decir: yo sé de que va esto de la vida.
La vida es algo muy parecido a una cinta vieja de VHS, que rebobinas hacia delante y hacia atrás si quieres, pero que no lo haces porque es ilógico la gran mayoría de las veces. La puedes poner a esa velocidad en la que todo se pasa el doble de rápido y se intuyen los diálogos, y puedes pasarla a cámara lenta. O puedes verla a la velocidad real. Es una cinta de VHS porque es todo mentira pero a la vez es real, ahí está, con sus actores y sus historias de amor o de miedo, de drama y de amistad. Puedes ponerte en la piel de un personaje o puedes odiarle. Y puede ocurrir al fin y al cabo lo que quiera tu corazón, el director; o tu cerebro, el guionista.
El día que me fumé lo volví a ver. Pero esta vez sucedió algo muy diferente. No rebobiné la cinta, no hay nada atrás que haga que quiera volver a ver esa parte de la cinta. Las calles eran un laberinto como siempre, y el eco de las voces quisieron que las volviera a escuchar, pero en esta ocasión dije no. Esta vez huí. Haciendo sentir mal a una amiga que no lo merece y dejando tirado a todo el mundo. Lo lamento tanto... yo odio discutir, porque he pedido perdón tantas veces en mi vida que ahora ya no me sale. Me cuesta un mundo pedir perdón, pero lo siento.

Y hay otra cosa diferente.
No sé ni explicarlo. No quiero ni decirlo porque es frágil. No tengo que decirlo porque asusta. Son cosas de genios. Se llama inspiración. Inspiración no para hacer la actu más bella que he escrito, pero sí la más ilusionante. Ese es tu nombre, Ilusión. Y en esta ocasión no te pienso dar la espalda. Por una vez y aún si no saliera bien, te pienso sonreír. Solamente sé que a partir de ahora mis sueños estarán llenos de feliz ilusión.